30 abril 2009

A todos los niños ¡Feliz día!

Felicidades a los niños de todas las edades ¡diviértanse en este su día!

Gracias por conmovernos a diario, recordándonos lo importante que es recordar a ese niño que vive en nosotros sin importar el pasar del tiempo.

Gracias por alegrarnos y por no dejar que olvidemos lo divertido que es ser niño y que no hay que dejarlo a un lado sólo por haber crecido.

¿Por qué será que a veces perdemos esa inocencia y dejamos de sorprendernos con la inteligencia de los pequeñines?

¿Por qué nos aferramos a ser adultos y olvidarnos que en nuestros ratos libres podemos volver a ser ese niño de 5 años que le gusta jugar en los charcos de agua?


Y de una vez aprovecho… ¡Feliz cumpleaños Min! tu que eres y serás siempre una niña n_n

20 abril 2009

Ángel Negro

Título: Ángel Negro

Autora: Kelly-san
Género: Romance, tragedia
Rango: Apto para Todo Lector


Se encontraba en una sala enorme, con cortinas negras y libros donde quiera que miraras, en las dos mesas que había, se encontraban candelabros alumbrando las paredes y unos cuantos pergaminos ya amarillentos por la vejez, y antorchas para alumbrar la habitación,. Estaba allí de pie, escuchándola y mirándola, como todos los demás, pero ella no podía asimilar lo que oía.

-Idrial, iras al Santuario de Athena y le entregarás esto- dijo la mujer que levantaba la mano entregándole una carta en un sobre negro. Su compañera, Lesath tuvo que darle un codazo para que bajara de las nubes y se acercara a coger la carta.

-Si, haré lo que me ordenes Hécate. Partiré ya mismo.- dijo mientras se disponía a retirarse.

-Bien, los demás os quedareis aquí, esperando que ataque.

No quería ir al Santuario o más bien no quería ver a los caballeros, no quería ver a un caballero en especial.

Se repetía la misma pregunta una y otra vez, aunque ya conocía la respuesta ¿por qué ella? ¿Por qué tenia que ser ella quien fuera al Santuario? Porque era la mas fiel a Hécate y a Athena y no se atreverían a lastimarla.

Se teletransportó hasta la entrada del Santuario. Tantos recuerdos, le hacían sufrir sabiendo que no podría volver a estar allí nunca jamás.<< Os hecho tanto de menos... hace tantos años...vuelvo a pisar el Santuario, me gustaría que no fuera por esta maldita batalla...me gustaría tanto volver a ver tu bello rostro...pero se que te haría daño y me lo haría a mi misma..., debo de entregar esta carta ...>> se dijo a si misma mientras miraba la carta y se armaba de valor y comenzaba a subir las escaleras hasta el Templo de Aries. No paraba de darle vueltas a la cabeza, hasta que llego a la entrada del Templo y se encontró con el protector de esta que estaba sentado en las escaleras leyendo un libro.

El Caballero se dio cuenta de la presencia, cerró el libro y lo puso en las escaleras, camino unos pasos...

-¿Quién eres?

-Mu... no me recuerdas...-dijo Idrial agachando la cabeza-

-I-Idrial ¿eres tú?

- Si, pensé que ya no te acordabas de mi...-le dijo con una sonrisa en sus labios y una tristeza inmensa en sus ojos.

-Bueno, en un principio no te conocía... con esa armadura... estas muy distinta ¿sabes?- le dijo un incrédulo Mu. Idrial llevaba puesta una armadura negra y su pelo de un tono azul y blanco lo llevaba suelto, cayendo pesadamente en sus hombros y espalda llegando a su cintura, sus ojos eran muy bellos, color verde cristalino. En el cuello llevaba un collar que simulaba una serpiente, signo de que era un Ángel Negro, un Ángel de Hécate.

Idrial no controlo sus sentimientos hacia el hombre que había cuidado de ella y lo abrazó. Mu correspondió al abrazó. La joven no pudo contener las lágrimas por más tiempo y comenzó a llorar.

-Idrial...te echaba de menos...hace años que no nos vemos...

-Yo también te eche de menos, lo siento Mu...-dijo separándose de él.

-Tranquila...no llores más- mientras le limpiaba las lágrimas- eres más linda cuando ríes que cuando lloras -le dijo con una sonrisa y ella también lo hizo- ¿qué te trae por aquí?

-Vengo a entregarle esta carta a Athena, de parte de Hécate.

-Entiendo, entonces no te entretengo, seguro es importante... te echare de menos Idrial.

-Yo también te echare de menos Mu...-se abrazaron para despedirse-...Adiós.

Idrial siguió su camino por el Santuario, pasando por los Templos que formaban al santuario. Los guardianes de los templos a dejaban pasar sin problema ya que la conocían y sabía que no mentía, además de que no la creían capaz de hacerle daño a la Diosa Athena.

Idrial comenzó a ponerse nerviosa cuanto más se acercaba a donde se encontraba la Diosa, pero no podía retrasarse más, Hécate y sus compañeros estaban en peligro, si tardaba seguramente mandaría a otro Ángel Negro en su busca y no era necesario.

Los guardias en un principio no la dejaron entrar a ver a Athena y fue la misma Diosa quien salió encontrarse con ella.

-Athena....-se arrodillo delante de ella, como debía hacer.

-¡Idrial! Que sorpresa volver a verte- la Diosa se agachó y la abrazó- tanto los guardias como la misma Idrial estaban confusos, ya que la Diosa nunca había actuado así.- hace años que no vienes por aquí, ¿sucede algo?

-Vengo a entregarle esto-alargó su brazo hacia Athena-es de parte de Hécate- Athena leyó rápidamente.

-Hécate esta en guerra otra vez... Ares intentó matarla hace años y no parará hasta que cumpla con su propósito... vamos dentro, tengo que escribirle- Las dos se dirigieron al interior del Templo y Athena se puso a escribir su respuesta.

-Athena... ¿nos ayudarás contra Ares?-preguntó esperando recibir un Si por respuesta-

-Claro, no te preocupes.

-Gracias...-Athena le respondió con una sonrisa.

-Toma, entrégasela cuanto antes. Me alegro de volver a verte... me gustaría que volvieras algún día a visitarnos.

-Lo haré encantada, los echo mucho de menos a todos. Debo irme Athena, adiós.

-Adiós... mi ángel.-dijo en un susurro.

Idrial, salió del Templo de Athena, bajó todos los Templos. Se encontraba en la entrada del Santuario, observando lo que por unos hermosos años había sido su hogar, cuando alguien le puso la mano sobre el hombro y ella se dio la vuelta sorprendida pues no había percibido la presencia de nadie allí. Quedó congelada, había deseado no encontrarlo en el Santuario, pero no fue así.

-Idrial, no esperaba verte más por aquí...

-Hyoga, ¡Hyoga!-se abrazó a él con todas sus fuerzas y el también la abrazó, acariciándole su hermoso cabello.

-¿Has vuelto para quedarte?

-No...Ya me iba, Hécate me esta esperando...

-Entiendo, pero esta vez no te dejaré marchar...-Idrial al escuchar esto se separó de él, con lagrimas en sus ojos.

-¿Qué dices Hyoga? Estamos otra vez en guerra y tengo que luchar.

-Hace años Hécate te alejó de nuestro lado, ¡de mi lado! Ahora que estas aquí no dejaré que te vuelvas a marchar.

-Entiéndelo Hyoga, yo siempre pertenecí a Hécate, siempre fui un Ángel Negro, soy el Ángel de las Tinieblas.-Idrial cerró sus ojos y al igual que ella Hyoga lo hizo recordando el día que la conoció: En el Templo de Athena estaban todos los Caballero de Oro y los de Bronce, las puertas se abrieron dejando paso a una joven diosa de pelo y ojos negros, de tez blanca, seguida por una niña que iba con la cabeza gacha hasta donde se encontraba Athena, se arrodilló.

-Athena, quisiera pedirte un favor...-dijo mirando a la niña- esta es la mas joven de mis Ángeles Negros... estamos en guerra con Ares y ella no puede luchar, es demasiado pequeña y es muy valiosa para mi, cuando sea mayor será la mas poderosa de todas, por eso no puedo dejar que le hagan daño. Te pido que cuides de ella, volveré cuando termine la guerra.

-Bien, aquí estará a salvo, tienes mi palabra.

-Gracias Athena- Hécate se teletransportó allí mismo dejando a la niña con Athena

-¿Cómo te llamas pequeña?

-Idrial.

-Bien Idrial yo cuidare de ti este tiempo, luego volverás con Hécate- la niña agachó la cabeza- caballeros pueden retirarse.

Todos los caballeros salían del Salón pero uno se quedo allí de pie, mirando aquella niña, aquella preciosa niña le había robado el corazón. Ella se había dado cuenta de que la observaba por lo que giró la cabeza y miró a aquel caballero, estuvieron unos segundos mirándose.

-¡Hyoga vamos!- le grito el caballero del Dragón, el chico desvió la mirada y comenzó a caminar hacia su amigo pero antes de que saliera del Salón le dirigió una mirada a aquella niña...

-Es cierto que estuve aquí cinco años... aun te amo...-dijo Idrial en un susurro rompiendo con el silencio que se había formado- pero Hécate volvió por mi... y yo siempre fui un Ángel Negro, ese es mi destino.

-Hablaré con la misma Hécate para que te quedes aquí, en el Santuario... te quiero Idrial, no hubo un día en que no pensara en ti...- le dijo acercándose y besándola.

-Hyoga... Hécate no me dejará, soy la más poderosa y debo luchar. Si no me dejas marchar no tendré mas remedio que atacarte...y no querría acerté daño...

-Si ese es el sacrificio que debo hacer, con gusto lo acepto...—Idrial quedó sorprendida por la acción del joven caballero.

-¡No por favor! ¡Deja que me vaya! ¡No quiero hacerte daño!

-Entonces quédate...

-No puedo- dijo Idrial sintiendo sus lágrimas correr por sus mejillas,

-Entonces no te dejaré ir- dijo Hyoga sosteniéndola de los hombros-

-Hyoga…-dijo Idrial cerrando sus ojos y separándose de él - no me dejas otra opción... lo siento, perdóname...-dijo con lagrimas en los ojos- ¡Rayo Oscuro!- Hyoga no intento parar el ataque y lo recibió por completo, rasgando parte de su ropa y dejando heridas en su piel.

-Con eso no bastara para que de deje pasar...—dijo formando una barrera a su alrededor impidiendo que Idrial emprendiera el vuelo.

-¡Por favor! ¡Déjame ir!-gritaba desesperada, no quería hacer daño a la persona que mas quería.

-No...

-¡Entonces te atacare con todas mis fuerzas! ¡Flechas oscuras!-cientos de flechas pasaban al lado del Caballero del Cisne rasgándole la piel, pero una se clavo en le corazón haciendo que el caballero cayera al suelo-

-¡Hyoga! ¡Que he hecho!-dijo gritando y corriendo hacia él, se arrodilló a su lado y puso la cabeza del caballero en sus piernas.

-Si no puedo vivir a tu lado... entonces prefiero estar muerto...

-No Hyoga...- mientras derramaba sus lágrimas en el rostro del caballero.

-No llores... volveremos a vernos dentro de unos años... te quiero Idrial-dijo sonriendo, cuando se creaba un hilo de sangre en su boca.

-Yo también te quiero...-dándole su último beso se despidió de él, para siempre.

-Hyoga, vivía por volver a verte pero ahora...ahg...-el caballero había a muerto y ella no podría volver a vivir sin él, se cortó las venas y cerró los ojos cayendo sobre el pecho del caballero.

Un Ángel Negro apareció volando en le cielo y se acercó a la pareja.

-Idrial... ahora serás feliz al lado de tu caballero- dijo Lesath agachándose a coger la carta para Hécate. Detrás del Ángel apareció un hombre al sentir el cosmos de Idrial.

-Caballero, no la olvidaste en estos cuatro años, no la olvides jamás...-le dijo Lesath a Mu, mientras extendía sus alas negras.

-No lo haré...

Fin.

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Esta historia, como ven, no me pertenece. Fue el primer fic que me regalaron y de eso ya hace como 4 años n_n por lo que le tengo muchísimo cariño además de que lo escribió una persona a la que aprecio muchísimo: ¡¡mi prima y amiga Kelly!!.

Como soy una perdidiza de lo peor, decidí respaldarla aquí nunca se sabe y un día despierto con la sorpresa de no encontrarla en el universo que es mi PC ¬¬

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